¿El fin del email?

El correo electrónico es sin duda una de las herramientas más revolucionarias en materia de telecomunicaciones. La capacidad de transmitir información a cualquier persona, de forma instantánea, simple y gratuita cambió radicalmente la manera en que nos comunicamos y colaboramos.

Por eso, no es raro que el email sea la herramienta de colaboración con mayor penetración en las empresas actuales. Sin embargo, problemas como el spam y una serie de malas prácticas relacionadas con el uso de esta herramienta, amenazan fuertemente su utilidad y atentan contra la productividad de los “trabajadores del conocimiento”.

El uso del email se ha extendido a terrenos que no le pertenecen, como el broadcasting (esos correos enviados a varias docenas de personas) y la edición colaborativa de documentos, ámbitos en los que el correo electrónico posee claras falencias, como son:

  • Altos costos en discriminar y organizar la información recibida
  • Dificultad en localizar la información
  • Baja capacidad de tracking
  • Duplicidad de información almacenada en servidores de correo

Entonces, ¿por qué utilizamos el email para estas actividades? La respuesta es bastante simple, porque no se conoce una herramienta mejor.

Las herramientas adecuadas

El conjunto de herramientas y tecnologías asociadas a la Web 2.0, presentan grandes oportunidades para el mejoramiento de las actividades de colaboración de las empresas. Por ejemplo, podemos escribir documentos de proyectos en wikis, suscribirnos a  los cambios por medio de feeds, iniciar discusiones en blogs, compartir enlaces interesantes por medio de una aplicación de social bookmarking, etc. Pero si no se asumen nuevas prácticas en trabajo colaborativo corremos el grave riesgo de traspasar las ineficiencias actuales del email a nuestro lector rss u otra herramienta similar.

Pensando en ese riesgo y la natural resistencia al cambio de las personas, ¿Veremos luego el fin del email?

 

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